El origen de la estructura está en la secuencia (El Paradigma de Anfinsen).

Ya anteriormente en numerosas ocasiones hemos mencionado a las proteínas. Lo importante que debemos saber de ellas es que son moléculas de gran tamaño que cumplen una tremenda gama de funciones en los seres vivos células: regular la expresión de los genes, efectuar reacciones químicas para el metabolismo, controlar el paso de sustancias a través de las células, transportar sustancias, formar estructuras de soporte, llevar a cabo la respuesta inmune, sirven receptoras de señales químicas, eliminar toxinas, funcionar como toxinas, permitir que las células se adhieran entre ellas, generar más proteínas… En fin, si quisiéramos hacer una lista jamás acabaríamos (figura 1). La pregunta entonces es ¿de dónde surge todas las funciones de las proteínas? Para responder esto es necesario observar su estructura.

Figura 1. Esquema simplificado de la DNA polimerasa replicando el DNA, una de las muchas funciones que una proteína puede tener.

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Receptores acoplados a la Proteína G – Premio Nobel de Química 2012

Células y la sensibilidad

Los sentidos

En nuestros ojos, nariz y boca tenemos sensores para la luz, los olores y los sabores. Dentro del cuerpo, las células poseen sensores similares para las hormonas y sustancias que funcionan como señales (como la adrenalina, serotonina, histamina y dopamina)

Conforme la vida evolucionaba, las células usaban repetidamente el mecanismo básico para reconocer su ambiente: Los receptores acoplados a la proteína G. Su funcionamiento permaneció oculto para los investigadores por muchos años.

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