La guerra verde y los bombarderos de semillas

ImagenDos de los principales problemas actuales en México y en gran parte del mundo son, por una lado, la escasez de recursos alimenticios y, por el otro, la constante urbanización que está devorando a un ritmo alarmante las escasas áreas naturales que aun se conservan. Ambas cuestiones están relacionadas estrechamente entre si: la disminución de las zonas verdes y de cultivos a manos de la creciente mancha urbana disminuye las dimensiones de las cosechas y hace que muchos agricultores abandonen el campo en busca de trabajo y una vida citadina.

En esta guerra constante entre la naturaleza y el progreso, varios hombres y mujeres han formado guerrillas verdes en contra del crecimiento desmedido de la ciudades, atacando clandestinamente y usando como arma principal un tipo de bomba no letal, pero bastante efectiva: las bombas de semillas.

Las bombas consisten en semillas envueltas en una pelota de arcilla y composta, no mayores que una bola de billar o de tenis. El objetivo es que sean pequeñas, económicas, prácticas y fáciles de cargar y lanzar. Una vez que tienen su armas preparadas, los jardineros guerrilleros simplemente se dedican a arrojarlas por toda la ciudad, con la esperanza de que alguna caiga en un lugar apropiado para que detonen, germinando en varios puntos al azar y así se formen manchones verdes dentro del territorio enemigo.

La arcilla y la composta de que están formadas evitan la deshidratación por una posible exposición prolongada al sol y proporcionan la protección necesaria frente a organismos como aves e insectos. Al mismo tiempo son el sustrato necesario para que se produzca la germinación. Mientras el ambiente esté seco, la arcilla se mantendrá dura; pero cuando comiencen las lluvias, la arcilla empezará a retener agua y, con ayuda del humus que le proporcionará nutrientes, las semillas pueden iniciar su desarrollo.

El poder de los bombarderos de semillas radica en el número. Mientras haya cada vez más personas arrojando docenas de bombas en distintas áreas, aumenta la probabilidad de que alguna germine. Las bombas deben tener consistencia dura antes de ser arrojadas al sustrato, y forma redonda para que puedan absorber este lloviendo agua en cualquier posición en la que caigan.

Las bombas de semillas fueron ideadas a inicios del siglo XX por el agricultor y maestro japonés Masanobu Fukuoka. Fukuoka observó el comportamiento ambiental y natural de semillas envueltas en bolas de arcilla, que fueron utilizadas para el cultivo del trébol blanco (Trifolium repens). y descubrió que las bombas de semillas (Tsuchi Dango como las llamaba) evitaban el trabajo de arar la tierra y usar espantapájaros. El bombardeo de semillas, según Fukuoka, es más eficiente que los métodos tradicionales de reforestación ya que presenta aproximadamente un 2% de éxitos de germinación frente al 0,2% de otros sistemas. Este porcentaje puede aumentarse si se emplean semillas resistentes y capaces de germinar en condiciones adversas.

Esta actividad puede ser difundida a través de pequeños talleres con personas pertenecientes a las localidades donde se piensan lanzar éstas bombas de semillas, para así poder despertar el interés de las personas. Se convierten así en “articultores urbanos” que no sólo mejorarán el aspecto de espacios públicos abandonados (como plazas, terrenos baldíos, canteras, etc.) sino que también pueden llegar a abastecerse de los productos de estas semillas, ya sean flores e incluso algunos frutos.

Siendo esta una actividad de reciente aparición, tiene mucho potencial, por lo que se debe poner especial atención a su correcto empleo. Por lo cual, llevarlo a cabo, debe conocerse a detalle el funcionamiento de la bomba, así como el tipo de semillas que se usarán dependiendo la región, ya que lo mejor es usar plantas autóctonas para no afectar la diversidad propia del lugar.

Esta guerrilla ecológica, no solo tiene como finalidad hacer crecer plantas, sino que esto contribuye a tener mejores espacios para la sociedad, las áreas verdes resultantes pueden brindar lugares de relajación, de convivencia, además de que contribuye al medio y a la recuperación de este.

 

Agradecimientos especiales a Estephanny Lima Méndez y Karina Segundo Martínez por toda la información proporcionada para la creación de esta entrada.

El que tenga más cromosomas gana

Inclínense ante el organismo geneticamente más complejo de la Tierra.

Durante muchos años, en una gran parte del mundo, predominó la idea de que el ser humano era resultado de la creación de Dios; su obra maestra. El hombre había nacido para señorear sobre este mundo y todas las plantas y animales que en el habitan, las cuales a su vez habían surgido para estar al servicio del hombre. Desde la antigua Grecia, cada vez que se intentaba dar un orden al mundo natural, se hacía una clasificación en linea recta: los humanos en la cima, organismos similares por debajo de él, y plantas e invertebrados en el fondo de la escala. Está idea estaban tan arraigada en el conocimiento general de la gente del mundo occidental, que la sola idea de comparar a un hombre (caucásico) con un animal, era de mal gusto. Esta creencia se llevo al extremo de considerar fuera de la clasificación de ‘seres humanos’ a personas de raza negra, asiáticos, aborígenes de América y Oceanía, e incluso a las propias mujeres europeas.

El avance del pensamiento científico y la gran cantidad de descubrimientos hechos desde entonces han echado por tierra esta idea. En la clasificación de los seres vivos que propuso Linnaeus, se incluyó a seres humanos y simios en un mismo grupo: los primates (traducido como ‘primeros’). En este grupo entraron todos los animales con suficientes características antropomórficas (similares a las del ser humano) como para organizarlos en el mismo clado en el que estaba el hombre. Este fue el primer paso hacia la ‘desantropocentralización’ del mundo. Pero aunque ya se consideraba formalmente al hombre dentro del grupo de los animales, seguía estando por encima de todos ellos. Aun era el pináculo de la creación.

El golpe definitivo a esta idea lo dio la teoría de la evolución. El hombre ahora era solo el final de uno de los muchos hilos evolutivos que siguen todos los grupos de seres vivos y que dan como resultado (momentáneo) toda la variedad de organismos que existe hoy en día.

Pero aunque ya no es tan popular ni tan generalmente aceptada como antes, la idea de que el ser humano es el ‘animal supremo’ o la gran obra de la creación, sigue estando bastante difundida por todo el mundo y, tristemente, muchas veces conservando sus tintes racistas primigenios. A pesar de admitir la veracidad de la ciencia como disciplina corroborable y universalmente aceptada, muchas personas siguen creyendo firmemente en la superioridad humana; aunque también se trata a veces de gente que reniega de la labor científica en general y prefiere siempre un curandero antes que un médico. Para los que se encuentran en el primer caso, tenemos un método que podría ayudar a convencerlos. Y tiene que ver con los cromosomas.

Como casi todos sabemos, el ADN es el mapa que contiene las instrucciones para cada ser vivo del planeta. Y en todos los seres vivos (excepto las bacterias), el ADN está agrupado en paquetes de información genética llamados cromosomas. Cada especie tiene un número determinado de cromosomas, y cada individuo tiene los mismos cromosomas equivalentes con la misma cantidad de información. Las bacterias, por otro lado, son seres tan primitivos y sencillos que el acomodo de su información genética en paquetes cromosómicos sería más un problema que una ventaja. Su material genético simplemente flota a lo largo y ancho de la única célula que los conforma como organismos individuales, lista para dividirse o hacer tantas copias desee.

De ahí en fuera, cualquier organismo más complejo que una bacteria tiene, al menos, un cromosoma. Y tal pareciera que mientras más sencillo es un organismo, menos cromosomas presenta (y viceversa). Esto parece tener cierta lógica: se requiere de una cantidad mayor de información para crear un organismo complejo que para uno simple. Y los datos parecieran respaldar esta idea. Los insectos, por ejemplo, tienen una cantidad relativamente pequeña de cromosomas: los mosquitos tienen 6, las moscas de la fruta tienen 8 y las abejas 16. Incluso hay hormigas guerreras de ciertas especies que tienen un solo cromosoma. En cuanto a nuestros alimentos, la cebada tiene 14, la alfalfa 16, la calabaza y la col 18, el arroz 24, y el frijol 22. Nosotros, como el ‘máximo milagro de la naturaleza’ poseemos las orgullosa cantidad de 46 cromosomas. Tenemos incluso más que algunos de los animales más grandes, como las ballenas y los cachalotes (44).

Si nos apegamos a nuestra premisa, el humano, al tener mayor cantidad de cromosomas que muchos organismos, significaría que es, por definición, más complejo que ellos, justificando de esta forma su autoproclamado título de ser máximo de la creación. Salvo por un pequeño detalle… hay organismos aparentemente más simples, y con un número mucho mayor de cromosomas que él.

Un alga marina cualquiera, como las que se forman en los lugares muy húmedos, puede tener hasta 100 cromosomas más que nosotros. El cangrejo rey tiene 208; casi 4 y media veces los que nosotros tenemos. Las colas de caballo, plantas bastantes modestas, tienen 219, mientras que los helechos, plantas más primitivas que cualquier pasto o planta con flor, pueden tener más de mil (el Ophioglussum recitulatum cuenta con 1260 cromosomas). De pronto, empieza a tambalearse nuestra confianza en nuestra superioridad. El protozoo Aulacantha, organismo apenas más complejo que una bacteria en comparación con cualquiera de los organismos arriba enumerados, presenta 800 pares de cromosomas (33.3 veces más que el ser humano). Incluso una ameba, a pesar de tener solo de 6 a 13 cromosomas, cuenta con un mapa genético entero conformado por 600,000 millones de pares de bases de ADN, mientras que el nuestro cuenta solo con 3.000 millones (es decir, 200 veces menos).

Así, nos damos cuenta de que la naturaleza necesita mucha más información para crear un alga, un helecho o una ameba que para hacer un ser humano. Así que, si eres un amante de la humanidad en busca de las glorias perdidas de tu especie como el máximo soberano y único dueño de la Tierra, no esperes mucho apoyo de parte de la genética.

10 datos que probablemente no sabías sobre Jurassic Park

jurassic-park-t-rex-raptorsEl 11 de junio de 1993 se estrenó en los cines de todo el mundo la cinta Jurassic Park, la adaptación del libro de Michael Crichton acerca de un parque de diversiones construido en una isla en los mares del caribe, la cual estaba habitada por reptiles mesozoicos traídos a la vida por experimentos de clonación. Como parte de las celebraciones de su 20 aniversario, se estrenó hace algunos meses en Estados Unidos (y hace unos pocos días en México) la versión adaptada a 3D de esta película.

Esto nos presenta el momento perfecto para repasar algunos datos curiosos acerca de la mítica isla Nublar de Steven Spielberg y sus famosos habitantes.

  • Muchos de los dinosaurios presentados en la película son de tamaño distinto a como habrían sido en la realidad. El dilofosaurio era más alto que cualquier humano, mientras que los velociraptores eran más pequeños que un perro labrador doméstico.
  • La idea de que el dilofosaurio fuese un dinosaurio que arrojaba veneno para cegar a sus presas fue una hipótesis real que estuvo en la mente de muchos paleontólogos. A diferencia de bestias como el tiranosaurio, los fósiles que se han hallado de este dinosaurio sugieren que sus quijada era demasiado débil como para pudiera usarla para cazar otros animales, por lo que se teorizó que debía tener otras formas de procurarse alimento. Además de la hipótesis del veneno, se sugirió que podía ser carroñero.
  • Los comentarios que hacen Alan Grant y Ellie Sattler al ver a los braquiosaurios a cerca de que ‘son de sangre caliente’ y de que ‘no viven en pantanos’ son otro ejemplo de antiguas teorías paleontológicas. Se sugirió que los dinosaurios debían ser seres de sangre fría (que no pueden regular su temperatura corporal por ellos mismos, dependiendo de la luz del sol para ello) y metabolismo lento como todos los reptiles. Por tanto, era poco probable que un animal como el braquiosaurio obtuviera la energía necesaria para mover su gigantesco cuerpo, así lo que lo más probable era que habitara en lo profundo de ríos y lagos para amortiguar su enorme peso, dejando solo la cabeza afuera para respirar. El largo cuello y las fosas nasales ubicadas en lo más alto de la cabeza parecían apoyar esta hipótesis. Ahora se considera que los dinosaurios podían mantener su temperatura corporal por encima de la del ambiente como las aves y mamíferos actuales.
  • El método usado en la película para revivir a los dinosaurios es muy poco viable. En la cinta, se extraía el ADN de mosquitos preservados en ambar. Esto sería difícil de logar, dado que los mosquitos deberían tener al menos 65 millones de años preservados, mientras que la molécula del ADN solo tiene una vida media de poco más de medio siglo antes de comenzar a degradarse.
  • Según la película, el ADN necesario para clonar a los dinosaurios se obtenía de una mina de ambar en República Dominicana. Ironicamente, ninguno de los dinosaurios presentados en la película vivió cerca de lo que en un futuro sería ese país.
  • La preservación de organismos en ambar es una de las formas de fosilización menos comunes de encontrar.
  • Un tiranosaurio joven, los compsognathus y un grupo de pterosaurios (reptiles voladores) son algunos de los dinosaurios del libro que no aparecen en la película. De hecho, el libro relata una escena en un río muy similar a la del ataque de los pteranodones vista en la tercera película.
  • La película presenta la teoría de Alan Grant acerca de la estrecha relación evolutiva entre las aves y los terópodos como el velociraptor cómo nueva, polémica y revolucionaria hasta para sus colegas. En realidad, para entonces esta idea tenía ya más de 100 años de antigüedad y era generalmente aceptada por la comunidad científica desde por lo menos 20 años atrás.
  • Con base en esta idea, los creativos tuvieron la intención hacer que los velociraptores sacaran la lengua como hacen las serpientes actuales para ‘probar’ el aire, pero se dieron cuenta que eso contravenía la idea que querían mostrar acerca de la similitud entre aves y dinosaurios. En películas posteriores incluso se rediseñó a los raptores, cambiando la pupila en forma de ranura vertical como de serpiente por una redonoda (más parecida a la de las aves) y se les agregaron espinas largas y delgadas similares a plumas en la parte posterior de la cabeza y el cuello.
  • En el guión original, los protagonistas escapaban del centro de visitantes al final de la película gracias a que John Hammond aparecía y disparaba a los cables que suspendían el esqueleto del tiranosaurio, haciendo que este cayera y aplastara a los velociraptores. En la versión final se decidió sustituirlo por un tiranosaurio real atacando a los raptores. Lo curioso es que, a pesar de que el tiranosaurio es tan pesado que hace estremecer el suelo con sus pisadas, nadie nota el momento en que entra al edificio.

La humanidad vs. la selección natural

Han pasado más de 150 años desde la publicación de El Origen de las Especies. Desde entonces, las teorías evolutivas de Darwin y Wallace se han visto enriquecidas por los aportes de docenas de investigadores como genetistas, paleontólogos, fisiólogos, químicos, etc., pero sus elementos más empíricos fueron establecidos casi desde sus orígenes.

Antes de contarle al mundo su teoría de la selección natural, Darwin dedicó los primeros capítulos de ‘el Origen’ a explicar otro fenómeno adaptativo: la variación de los organismos en estado doméstico. Recordemos que Darwin argumentaba que eran las condiciones del medio las que determinaban si X organismo con X carga fenotípica era adecuado para subsistir  lo suficiente en ese medio en particular para procrear descendencia. En otras palabras, un ambiente árido presenta por si mismo toda clase de dificultades para un organismo que requiere de condiciones muy específicas o de una gran cantidad de recursos para subsistir. Los animales grandes, con piel oscura o sin protección a la desecación o a la constante radiación solar y sin mecanismos para disipar el exceso de calor, por ejemplo, tendrán muchas más dificultades simplemente para sobrevivir a las condiciones de ese medio, ya no digamos para competir por recursos con otros organismos morfológica y fisiológicamente mejor preparados.

Estos organismos mejor preparados tendrían mayores facilidades para obtener los recursos que necesitan (alimento, agua, refugio), y por consiguiente, tienen mayores posibilidades de conseguir una pareja y tener descendientes. Con el paso de las generaciones, los organismos con las características más adecuadas para ese ambiente habrán sobrevivido. Así, la ‘naturaleza’, mediante este proceso ‘selecciona’ a los individuos mejor preparados y les permite sobrevivir.

Pero hay excepciones a esta regla. Si hay un animal especializado en violar las leyes naturales, ese es el humano. La humanidad a logrado volar, sumergirse a grandes profundidades, llegar y sobrevivir al espacio, modificar masivamente su entorno y su microclíma, mover objetos gigantescos, controlar y duplicar fenómenos naturales, transformar su cuerpo y mejorar artificialmente sus habilidades físicas, a pesar de que, genéticamente hablando, no tendría que hacer ninguna de esas cosas. Y esta particularidad se extiende a muchos de los organismos con los cuales convive y de los que obtiene recursos para vivir. El hombre no solo explota una gran cantidad de organismos para obtener sus productos, sino que a adaptado a los organismos en si mismos a sus necesidades y diversos estilos de vida. Esto, más o menos, es la definición de domesticación.

La domesticación se ha dado prácticamente desde la aparición del Homo sapiens en la Tierra. El hombre tomaba una especie silvestre de la que podía obtener algo (alimento, abrigo, protección, etc), la llevaba a su lugar de refugio y se dedicaba a su crianza: la proveía con todo lo que necesitara para sobrevivir y pudiera seguir dándole su(s) producto(s), la reproducía y repetía el proceso con la descendencia. Incluso llegaba el punto en que pudiera tener un exceso de producto, dándole esto la opción de usar ese exceso para razones distintas al consumo propio (moneda de cambio para usar con otros productores, por ejemplo). De esta forma surgió el comercio (cosa que no nos interesa por el momento). Al irse desplazando por el mundo, el hombre llevó sus especies domesticadas con él, al mismo tiempo que domesticaba nuevas en los lugares a los que llegaba. En cada nuevo ambiente el hombre tenía distintas necesidades que no podía satisfacer con un mismo tipo de organismos. Seguía necesitando más o menos los mismos recursos, pero no todas las especies que había domesticado se adecuaban bien a todos los ambientes. Algunas reducían su producción, mientras que otras simplemente no podían sobrevivir. Afortunadamente, existe el fenómeno conocido como mutación.

La mutación es uno mecanismo que promueve la aparición de nuevas variedades de organismos. Características físicas que pueden aparecer al azar de una generación a otra. Si las mutaciones ayudan al organismo a adecuarse mejor al ambiente, ese organismo tendrá una ventaja por sobre otros de su especie, lo que aumentará su probabilidad de reproducirse y transmitir esa característica adquirida a sus descendientes. Si la mutación perjudica al individuo en su desarrollo, le dificulta obtener recursos o lo pone en desventaja frente a otros organismos de su misma especie o de otras, tendrá mayores probabilidades de… bueno, de morirse. Se dice que la selección natural ‘conserva’ las mutaciones benéficas y ‘rechaza’ las perjudiciales.

Así, después de varias generaciones, las especies domesticadas comenzaron a presentar mutaciones evidentes. Los criadores empezaron a cruzar entre si organismos con cierto tipo de mutaciones y a aislarlos reproductivamente del resto del grupo. De esta forma se dio lugar un proceso de especiación que derivó en la aparición de distintas razas o variedades de una misma especie. En estado silvestre, la especiación se puede dar cuando una población de determinada especie se ve fragmentada por algún tipo de barrera natural que las aisla entre si y las confina a zonas distintas con características ambientales diferentes. Si uno de los fragmentos presenta el ‘pool’ genético suficiente (es decir, si cuenta con suficientes individuos como para que esa población pueda seguir reproduciendoce sin caer en la endogamia) y se mantiene separada de el(los) otro(s) fragmento(s), con el paso del tiempo (y de las mutaciones), ambas poblaciones tenderán a seguir ‘rutas evolutivas’ distintas, gracias a la selección natural y a la diferencia de condiciones entre los distintos medios.

Como ya mencionamos, en la naturaleza, los organismos que presentan las mejores características para sobrevivir a un ambiente dado, tendrán mayores posibilidades de lograrlo. Obviamente. Pero en las especies domesticadas, la historia es muy diferente. No es el medio el que decide que mutaciones se conservan y cuales se desechan; es el hombre. Los criadores y agricultores no eligen una u otra sepa o raza de alguna especie por que piensen que vaya a tener mejores posibilidades de supervivencia. Lo hacen por que saben que esa variedad tiene algun tipo de ventaja en su capacidad de producción por sobre las demás. Ya no estamos hablando de selección natural, sino de selección artificilal.

A veces, cuando somos niños y tenemos mascotas, (un pez, un ave, una tortuga, un hamster, etc), tenemos el ímpetu de tomar ese animalito y ‘devolverlo’ a la naturaleza. Lo que no sabemos es que, cuando liberamos a nuestro pez dorado en un rio, prácticamente lo estamos condenando a la muerte. Contrario a lo que muchos creen, la gran mayoría de los peces de ornato que embellecen las peceras de nuestras casas, oficinas o consultorios no provienen de ambientes naturales. Y la razón es muy simple: en la naturaleza no existen los peces dorados. En realidad son el resultado de cruza tras cruza tras cruza de peces con características muy específicas y que los acuacultores buscan conservar y duplicar en sus criaderos: colores vistosos, colas muy adornadas y llamativas, cuerpos pequeños aunque rechonchos para ser suficientemente visibles, comportamiento pasivo, etc.

Pero lo que para los aficionados de los acuarios puede considerarse un pez perfecto, para la naturaleza es todo lo contrario. En un ambiente natural, lleno de competidores y depredadores, el ser muy vistoso y poco aerodinámico es un problema serio. En condiciones silvestres, lo más probable es que la selección natural acabara con esas mutaciones generaciones atrás, en el punto en el que comenzaran a ser perjudiciales para la supervivencia o éxito reproductivo de sus lineas de portadores. La selección natural no solo habría eliminado a nuestro pez dorado antes de siquiera nacer, sino que habría acabado con sus tatarataratarabuelos. Pero esto no ocurre en el caso de la selección artificial. El acuacultor no buscaba que sus peces fueran veloces, ágiles o camuflados; solo quería que fueran bonitos. Y no tendría por que hacerlo. Él cría peces con la intención de que estos permanezcan durante toda su vida en una caja de vidrio alimentados por un humano. En condiciones así, no necesita ninguna de esas cosas. El problema es cuando tenemos la noble intención de liberar a nuestro pez para que ‘vuelva a donde pertenece’.

El perro es el animal domesticado por excelencia. El grado de vinculación del perro doméstico con el humano llega a tal grado que el perro puede llegar a morir si pierde a su dueño. A pesar de que existen gran cantidad de jaurías ‘ferales’ (descendientes de organismos domesticados que viven de forma silvestre y no están bajo el cuidado de ningún humano y comienzan a recuperar sus instintos) en muchos centros urbanos y áreas suburbanas, estos organismos siguen dependiendo en gran medida de lo que producen los humanos. Muy difícilmente podrán colonizar ambientes verdaderamente vírgenes, sin intervención del hombre, encontrar su propio nicho ecológico y lograr competir con otros depredadores similares a ellos, como los lobos.

El problema de las especies domesticadas es que, junto con la domesticación, viene la dependencia. Prácticamente ninguna podría competir en condiciones naturales con sus similares silvestres. En situaciones de gran agitación social como las guerras o las crisis económicas, las personas involucradas ven sus estilos de vida radicalmente cambiados. En condiciones así, la gente busca la forma se subsistir por si misma con los recursos que le quedan a su disposición, olvidando, obviamente, a todos los animales que los han acompañado a lo largo de sus vidas o incluso de las de sus familias. En las migraciones masivas de refugiados rara vez se ve a gente llevando consigo alguna mascota o animal de trabajo. La razón es muy simple: representa una boca más que alimentar en un momento en el que todos los recursos escasean. Todos estos seres vivos que son dejados atrás deben encontrar la forma de sobrevivir sin la ayuda de los seres humanos, lo cual les es casi imposible, pues nacieron y fueron criados específicamente para eso. En biología, a la dependencia entre dos organismos se le conoce como parasitismo. El parasitismo verdadero conlleva que, mientras uno de los organismos puede vivir libremente, el otro depende completamente del primero para sobrevivir. En el caso de nuestras mascotas, animales de trabajo y organismos domesticados en general, muchas personas no tienen necesidad de cuidar de alguno de ellos (existe el comercio, ¿recuerdan?); sin embargo, ellos siempre necesitarán de nosotros para sobrevivir.

20 gatos que tal vez no sabías sobre los datos.

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  • Mientras que los perros marcan su territorio por medio de la orina, los gatos lo hacen con una glándula sebácea ubicada en su cabeza, entre los ojos y las orejas. Así, cuando un gato se restrega contra una persona, no le está mostrando su afecto; lo está marcando como propio.
  • Los bigotes de los gatos son sumamente sensibles, y distancia entre ellos de punta a punta es igual al ancho del cuerpo del gato. Así, los gatos pueden saber si caben en un determinado espacio estrecho solo metiendo su cabeza: si los bigotes no tocan las paredes, entonces el resto de su cuerpo podrá pasar.
  • A diferencia de los humanos, el pelo de los gatos no crece indefinidamente. Después de determinado tiempo, cada hebra es desechada y remplazada por una nueva.
  • Se desconoce la forma en que funciona el ronroneo de los gatos. No es producido por las cuerdas bucales, pues una vez un gato en Estados Unidos con la garganta destrozada por un perro se puso a ronronear en las piernas de su dueño mientras esperaban su turno en el veterinario.
  • En promedio, un gato domestico en Estados Unidos consume más carne al año que un campesino latinoamericano.
  • Existen razas de gato sin pelo, con cola y patas extremadamente cortas e incluso algunas con más dedos de lo normal.
  • Los gatos de tres colores siempre son hembras.
  • Los gatos blancos con ojos naranjas, azules o heterocromía (ojos de distinto color) generalmente son sordos.
  • Antiguamente si un gato negro presentaba un mechón de pelo blanco en el pecho (llamado ‘el dedo de Dios’), no se le consideraba de mala suerte.
  • A saber, los humanos y los gatos son los únicos animales que cazan por razones distintas a la de obtener alimento.
  • El organismo de los gatos no produce grasa, por lo que deben consumirla en su dieta.
  • El ronroneo de los gatos tiene la capacidad de tranquilizarlos a sí mismos cuando están enfermos o asustados.
  • Los gatos pueden percibir olores con la boca.
  • Los gatos tienen 230 huesos (24 mas que los humanos), de los cuales el 10% está en su sola.
  • Los gatos poseen cerdas sensitivas en el rostro (y algunos en las patas) llamadas ‘vibirisas’. Las vibrisas pueden detectar pequeñas variaciones en el viento, permitiéndole saber si se encuentra ante algún obstáculo sin necesidad de visualizarlo.
  • El gusto es el único sentido que está más desarrollado en los humanos que en los gatos.
  • Salvo por los guepardos, las garras de todos los felinos son retráctiles.
  • Aunque la visión nocturna de los gatos es increíble, los humanos ven mejor durante el día que ellos.
  • El gato más largo del mundo vivió en Nevada, Estados Unidos y llegó a medir 1.22 metros de la nariz a la punta de la cola.
  • La piel de de las almohadillas plantares de los gatos es tan sensible que se pueden llegar a malhumorar si se les acaricia ahí constantemente.

Curiosidades sobre los arácnidos

  • Los arácnidos tienen 3 tipos de apéndices: 4 pares (por lo general) de patas caminadoras, 1 par llamado ‘pedipalpos’ (apéndices más o menos largos cerca de la boca con distintas funciones; en escorpiones forman las pinzas), y otro par llamado ‘queliceros’ (los ‘colmillos’ con los que las arañas inyectan veneno). Las arañas tienen un grupo más de apéndices diminutos en la parte trasera del cuerpo llamadas ‘espineretas’ que usan para producir seda y tejer telarañas con ella.
  • No todos los arácnidos son arañas. Las arañas ‘verdaderas’ presentan una estructura básica: partes frontal y posterior del cuerpo (llamados prosoma y opistosoma respectivamente) unidas pero bien diferenciadas una de otra; además de que todas tienen ‘colmillos’ venenosos, patas caminadoras del mismo tamaño y producen seda. Los escorpiones, ácaros, arañas patonas y demás arácnidos no encajan en esta descripción, por lo que no se les considera arañas (orden Araneae)
  • Las arañas patonas (orden Opiliones) presentan el prosoma y el opistosoma completamente fusionados (lo que les otorga un cuerpo redondeado) y carecen de glandulas de veneno y de seda, por lo que no se les considera arañas ‘verdaderas’. Además. son los únicos con un aparato copulador o ‘pene’.
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Colas de cangrejo

Probablemente una de las características más llamativas de los animales sean sus colas. Desde las largas y peludas colas de gatos, lémures, y ardillas, los amplios hasta los estilizados propulsores de peces y mamíferos acuáticos. Ya sean colas emplumadas, escamosas o desnudas, las colas nos fascinan; tal vez por que nos recuerda ese quinto apéndice que a nosotros nos falta y que a veces sentimos que podría sernos útil en muchas tareas de hoy en día. Tal vez por eso no es más difícil tratar de pensar en animales que compartan nuestra condición sin cola. Entre los escasos seres con colas vestigiales o sin rastro alguno de ellas están, obviamente, las ranas y los sapos. También están algunos tipos de mamíferos, como pueden ser ciertos murciélagos, roedores, topos, erizos y varios primates.

En el caso de los invertebrados la tarea es un poco más sencilla. Salvo por algunas excepciones (por ejemplo, el escorpión, los camarones y las langostas), ningún invertebrado presenta algo que encaje en nuestra concepción empírica y generalizada de una ‘cola’. Así, podemos agregar a nuestra lista a arañas, moscas, pulgas, pulpos, las ostras, cangrejos, etc. Sigue leyendo

Colillas de cigarros en nidos de aves urbanas.

Existe mucho dinero y tiempo invertido en el tratamiento de las colillas de cigarros, principalmente en las ciudades. Ellas tapan coladeras, asfixian aves y tardan cientos de años en biodegradarse; son un complemento más a la decoración de la ciudad. Sin embargo, existen ciertos organismos que han sabido obtener beneficios de estos residuos de algodón en las ciudades. Las aves urbanas.

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