El Enigma del Neandertal

Muchos científicos se rehusaban a aceptar que el Neandertal fuera nuestro ancestro. Una de las razones por la cual muchos descartaban esta teoría es porque, al parecer, habían descubierto un posible candidato como nuestro antecesor.

Cráneo del Hombre de Piltdown

En 1912 se anunció el descubrimiento del hombre de Piltdown. Un cazador de fósiles amateur, Charles Dawson, desenterró los huesos del hombre de Piltdown en Sussex, Inglaterra. Esto causó gran revuelo en los círculos científicos. A diferencia del cráneo del Neandertal, el de Piltdown se parecía en muchos aspectos a uno moderno. Solo la quijada parecía primitiva, como la de un chimpancé, pero tenía dientes muy parecidos a los nuestros. Este era el antecesor que Boule había esperado, y felizmente podía decir que era nuestro legítimo antecesor.

El problema con el hombre de Piltdown es que era… ¡un fraude! Alguien, lo más probable es que fuera Dawson, había tomado partes de un esqueleto humano moderno y la quijada de un orangután, los lijó y ensució para que parecieran restos antiguos. A los dientes se les había hecho unos surcos para despistar a los investigadores. No fue sino hasta 1953 que los científicos los observaron bajo el microscopio y las marcas fueron descubiertas.

En este punto, la comunidad científica parecía haber cambiado de opinión con respecto al Neandertal como nuestro ancestro humano. En lugar de enfatizar las diferencias que había entre ellos y nosotros, los investigadores se enfocaron en las similitudes. En 1957 dos anatomistas americanos, William Strauss y A. J. E. Cave, examinaron los mismos restos con los cuales Boule había descrito a los Neandertales como primitivos e inhumanos. Estos eran los fósiles encontrados en una cueva en La Chapelle-Aux-Saints, Francia en 1908.

Dibujo de la probable apariencia de un Neandertal

Lo primero que estos anatomistas notaron es que al parecer, la persona en vida había sufrido de artritis. Boule también lo había notado pero ignoró las implicaciones. Para Strauss y Cave, la artritis explicaba la postura erguida, y de pronto los Neandertales súbitamente no parecían tan diferentes de nosotros. Los dos anatomistas concluyeron que si un hombre Neandertal “pudiera ser reencarnado y colocado en un tren subterráneo en Nueva York, y si le fuera provisto un baño, fuera rasurado y vestido con prendas modernas -sería difícil que atrajera más atención que cualquier ciudadano normal.”

Por un lado, el periodo siguiente al hombre de Piltdown vio una reevaluación del papel que el hombre de Neandertal pudiera tener en nuestra historia humana. En la década de 1960, el antropólogo americano, C. Loring Brace, protagonizó los nuevos estudios sobre las herramientas fabricadas por los Neandertales, su tecnología y su modo de vida. Con los patrones que había en las cenizas que ellos dejaron, por ejemplo, Brace dedujo que ellos cocinaban en hoyos con poca profundidad, a manera de horno primitivo, no tan diferente como lo hacen algunos humanos modernos.

Otros investigadores notaron que algunos restos de Neandertales parecían haber sido enterrados a propósito -una práctica innegablemente humana. La colocación cuidadosa de huesos de animales en varios sitios funerarios de los Neandertales parecen indicar también algún tipo de rito funerario; algunos huesos de Neandertales encontrados en Yugoslavia, en el sitio de Krapina, fueron rotos de modo que sugiere una conducta de canibalismo. Estos ritos, aunque macabros, son definitivamente humanos.

La glorificación de los Neandertales alcanzó su punto más alto en 1971, con la publicación de Ralph Solecki sobre su trabajo en una cueva iraquí conocida como Shanidar. En unas muestras de suelo, tomadas de un entierro Neandertal, se encontró una extraordinaria concentración de polen silvestre, mucho más alto que los que pudiera haber acarreado el viento o las patas de los animales. Solecki infirió que los Neandertales de Shanidar hacían ofrendas florales en sus sitios funerarios, y tituló su libro como “The first Flower People.” Como una prueba adicional a su humanidad, Solecki recalcó que uno de los restos descubiertos en el lugar pertenecían a una persona mayor, los restos indican que era una persona ciega y su brazo derecho inutilizado. Estas condiciones habrían llevado a la muerte a una edad más temprana a menos que su familia o su tribu cuidará de él.

Libro de Solecki

Con el libro de Solecki, la transformación estaba completa. Ya no más hombres monos como los imaginados por Boule, ahora eran una especie de proto hippies, personas en muchas maneras más humana que los propios humanos modernos. También era el máximo apogeo de una teoría conocida como “continuidad regional”, de acuerdo con ella los humanos modernos evolucionaron de los Neandertales en Europa y Medio Oriente, y en otras partes, de hombres primitivos muy similares a los Neandertales. Pero esta teoría habría de encontrarse con un terrible fallo. El ataque no provenía de los arqueólogos o antropólogos… esta vez era la Biología Molecular.

Continuaré el relato en la última parte: El Ocaso del Neandertal

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Un comentario el “El Enigma del Neandertal

  1. Pingback: Ancestro o “Primo Lejano”: El Neandertal | Imperio de la Ciencia

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