De cómo las vacas están acabando con el mundo

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El campo es y seguirá siendo la principal fuente de recursos alimenticios del mundo.  Mundialmente, el ganado aporta el 15 % de la energía alimentaria total y el 25 % de las proteínas de la dieta, y es la base de los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria de casi mil millones de personas. Prácticamente no podríamos sobrevivir sin los productos que se generan en el campo. Además de alimenticios, los cultivos se aprovechan con fines farmacéuticos  de higiene, combustibles ecológicos, composta, forraje, utensilios, construcción, etc. Nuestro estilo de vida, además de la supervivencia de millones de personas, depende de los productos agrarios y pecuarios.

El cultivo de especies animales y vegetales beneficiosas fue de las primeras actividades que desarrolló el ser humano, además de servirle de base para el establecimiento de sociedades. Originalmente, la agricultura y la ganadería se llevaban a cabo en las condiciones y sitios propios a la biología de las distintas especies a cultivar, pues era complicado lograr que se desarrollaran en ambientes distintos o que tuviesen la misma calidad y/o rendimiento. Pero con el progreso de las sociedades, se han desarrollado métodos y herramientas tecnológicas de gran utilidad, al grado de que especies de suma importancia como el maíz, el trigo, las reses, el pollo, etc. pueden cultivarse y criarse en practicamente cualquier lugar del mundo.

Esta internacionalización de especies de importancia alimenticia (la gran mayoría provenientes de Europa) contribuyó a la expansión demográfica y geográfica de los grupos humanos hasta sus cifras actuales: más de 7,000 millones de personas y asentamientos humanos en casi cada rincón del planeta. En éstas condiciones, la agricultura y la ganadería son fundamentales para cubrir la creciente demanda de alimentos de la igualmente creciente población humana. Pero estos requerimientos constantes pueden llegar a ser perjudiciales a futuro para la humanidad.

Aunque no lo parezca, actividades como la agricultura, al ganadería, la minería, el turismo, el comercio, el transporte, el entretenimiento, la construcción, etc. son potencialmente muy dañinas para el ambiente. Practicamente cualquier actividad humana a gran escala representa un riesgo para algún elemento de algún ciclo biótico, lo que a su vez altera todo el sistema, la mayoría de las veces con resultados impredecibles. Para saciar el constante apetito de un mundo siempre en crecimiento, se necesitan cada vez más áreas de cultivo y pastoreo. Al escasear las zonas de pastizales en distintos lugares del mundo, aunado a las carencias, rezago tecnológico y cultural y distintos factores socioeconómicos propios del campo, los productores se ven obligados a modificar el paisaje local, sin conocer lo que esto pueda implicar.

Cada día en el mundo se pierden de 300 a 500 kilómetros cuadrados de selva tropical, y con ella se pierden gran parte de la diversidad biológica (gran parte de ella desconocida). Muchas de las especies silvestres que se destruyen con la tala de selvas y bosques para explotación forestal y la creación de campos de cultivo, forraje, carreteras, etc. pueden tener una gran variedad de usos potenciales que ofrecer a la sociedad de consumo. Desde remedios naturistas tradicionales, hasta como materias primas para sin fin de productos prácticos, la mayoría de estas especies son desconocidas para la ciencia (y por ende, los beneficios que podrían representar); y de las pocas cuyas propiedades si conocemos, hay poco o nulo interés en detener la destrucción de las áreas naturales en aras de hacer uso de estos recursos. Es mucho más rápido, sencillo y práctico seguir destruyendo grandes extensiones de selva para cosechar maíz, que dedicar tiempo y recursos a investigar la diversidad biológica de la zona, identificar las especies explotables y diseñar programas para el uso sustentable de las mismas. 

Además del daño a nivel de especies, el daño que la reducción en el numero de determinado organismo (ya no digamos su total desaparición) repercute en toda la dinámica del ecosistema, que a su vez afecta al ser humano de formas que no podemos prever. Por ejemplo, los suelos destinados a cultivo y a forraje son extremadamente menos fértiles y productivos que el suelo de la selva virgen, debido principalmente a: a) erosión del suelo, pues al retirarse la vegetación natural, el suelo queda expuesto al viento y la lluvia, los cuales reducen la concentración de nutrientes en el suelo, b) la inundación de los suelos; la atenuación del impacto directo de la lluvia sobre el suelo gracias a la captación de agua por parte de los distintos estratos de vegetación de la selva desaparece si simplemente deja de haber arboles, y c) ausencia de materia orgánica en descomposición (muy común en la selva) que devuelva sus nutrientes a la tierra. Este es solo un ejemplo, pero existen problemas mucho más graves, como la destrucción de barreras naturales de especies plaga y fenómenos naturales, la reducción en la tasa de producción de oxígeno y de captación de CO2, cambio drástico del microclima y los regímenes de lluvia, desertificación, etc. que son consecuencia directa de la destrucción de los ricos ecosistemas en busca de nuevas áreas para establecer monocultivos y áreas de pastoreo para las especies pecuarias.

Bien valdría la pena que los distintos gobiernos destinaran recursos ya no a la producción de alimentos sintéticos y de cultivos genéticamente modificados que llevan a cabo poderosas empresas transnacionales, si no a la modernización del campo, a erradicar las carencias en salud, educación, vivienda, vestido y alimentación que sufren las comunidades rurales, a campañas de concientización de productores, usuarios y sociedad en general, al uso de nuevas tecnologías que no atenten contra las escasas reservas naturales del mundo, a la investigación científica, a programas de explotación sustentable de los distintos recursos naturales desconocidos hasta ahora y a la eficientización de la industria y los medios de producción. Lamentablemente, con las tendencias actuales, es bastante difícil creer que algún día esto pueda lograrse.

Aunque uno siempre puede soñar…

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