Biota y Gea (Parte II): La vida y la tierra evolucionan juntas.

En mi entrada anterior les hablé sobre el fantasma de los viajes imposibles: la dispersión y la hipótesis que sostiene que ésta ha modelado las distribuciones geográficas actuales de los seres vivos, así como de algunos de los puntos inconsistentes sobre esta idea. Hoy les contaré sobre la corriente más aceptada en la actualidad para explicar los patrones de distribución de las especies: la biogeografía cladística, a veces llamada biogeografía de la vicarianza.

 Antes que nada, recordemos uno de los puntos más importantes del dispersalismo: La Tierra es estática o en su defecto los cambios de su superficie tienen poca importancia en la distribución de los seres vivos. La biogeografía de cladista hace referencia precisamente a lo contratio: La superficie de la Tierra es constantemente en transformación y son estos cambios los que modelan las distribuciones de los seres vivos.

 Es decir, el dispersalismo considera que dos territorios, en sólo uno de los cuales habita cierta especie, están previamente divididos por una barrera geográfica (océanos, ríos muy caudalosos, montañas etc.), una población de organismos de la especie atraviesa la barrera geográfica y coloniza el segundo territorio, donde por especiación forma una nueva especie (figura 1, a, b, c).

 Por otro lado, la biogeografía cladista propone que las distribuciones de los seres vivos son principalmente producidas por eventos de vicarianza, un concepto concebido por León Croizant, el cual consiste en lo siguiente: en un principio una especie ancestral habitaba un territorio amplio, el cual es separado en dos territorios cuando aparece una barrera geográfica que los divide, lo cual a su vez divide a los organismos de la especie ancestral en dos poblaciones separadas, las cuales no pueden cruzar la barrera y terminan diferenciándose, formando dos especies hermanas (figura 1, d, e, f).

Comparación entre la dispersión y la vicarianza.
En la dispersión a) dos territorios están separados inicialmente por una barrera geográfica y sólo uno tiene a la especie ancestral A. b) Posteriormente un grupo de organismos de A atraviesa la barrera y migra hacia el segundo territorio, formando la población A’. c) Con el paso de millones de años la población A’ especia a la especie B, la cual es una especie “hija” de A.
En la vicarianza d) en un principio la especie ancestral A ocupa un amplio territorio sin barreras. e) Posteriormente aparece una barrera biogeográfica, separando a la especie A en dos poblaciones: A y A’. f) Por último, con el paso de millones de años, las dos poblaciones separadas sufren especiación, formando dos especies hermanas: B y C.

 La biogeografía cladista ha ganado mucho impulso desde el descubrimiento de la tectónica de placas y la deriva continental, las cuales, como se trató en entradas anteriores, alteran la forma de la superficie terrestre, formando y deshaciendo océanos, montañas y otros elementos geográficos.

 Una de sus mayores ventajas es que, al eliminar el factor azaroso de la dispersión, provee una explicación a los patrones de distrbución de las especies. Así pues, como vimos en la entrada pasada, si las aves corredoras se encuentran en Sudáfrica (Ñandú), África (Avestruz) y Oceanía (Kiwi), que son territorios separados por océanos enteros es por una sencilla razón: sus ancestros comunes habitaban un territorio antiguo conformado por las tierras que hoy forman esos continentes, y por la tectónica de placas, con el paso de millones de años, surgieron los océanos o barreras geográficas que hoy los separan, por lo que las aves corredoras formaron especies diferentes en cada territorio, pero siguen estando emparentadas. Hoy en día se sabe que esto es verdad: estos tres continentes anteriormente, junto con algunos otros teritorios, formaban parte de uno solo: Gondwana.

La familia de las aves corredoras tiene especies en tres continentes del hemisferio sur: Sudamérica, África y Oceanía. La explicación por vicarianza a esta distribución particular es que anteriormente estos territorios debían estar unidos. Esto es cierto, pues antes formaban un megacontinente llamado Gondwana.

 Otra de las ventajas de la vicarianza es que ya no se necesitan los viajes imposibles cuya demostración es dudosa, sino que se utiliza el movimiento de los continentes, la cual es una teoría científica sólida y poco especulativa.

Algunos escépticos a la vicarianza argumentan que las dataciones de las separaciones ancestrales con reloj molecular o con el registro fósil no coinciden con las fechas de separación de los continentes, y que son mucho más recientes y por lo tanto la única explicación válida es la dispersión. Sin embargo, debe considerarse que el reloj molecular es una técnica que puede resultar engañosa por el cambio en la velocidad de aparición de las mutaciones, así como el registro fósil puede presentar confusiones entre los estratos o simplemente no representar a los ancestros comunes de las especies actuales, sino a linajes extintos que no tienen descendencia hoy en día.

 Sin embargo, no todo es así de sencillo. La vicarianza también tiene sus desventajas ante la dispersión. Por ejemplo, no hay forma en que un evento de vicarianza explique el poblamiento de las islas volcánicas (como Hawaii), puesto a que éstas son territorios que surgen sin haber formado anteriormente parte de algún continente (a diferencia de las islas continentales como Gran Bretaña). Así pues, la única forma de explicar cómo hay seres vivos en tales islas es que llegaron ahí por dispersión, se haya dado como se haya dado.

 Otra prueba contundente de la existencia de la dispersión somos los seres humanos. Nuestros ancestros vivían en una región específica del este de África, y a partir de ahí migramos al resto del mundo, formando todas nuestras diferentes culturas y diversidad étnica. Esto no lo logramos por la separación de continentes, sino viajando, es decir, dispersando.

Los seres humanos, a lo largo de nuestra historia, hemos colonizado nuevos territorios por medio de la dispersión.

 Por estos motivos los biogeógrafos cladistas no niegan la existencia de la dispersión, sino al contrario, sostienen que existe. Lo que señalan es que los casos de dispersión no son tan frecuentes ni importantes como los dispersalistas señalan, por lo que no son los que forman los patrones de distribución de los sres vivos, sino son los cambios en la superficie terrestre.

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