Biota y Gea (Parte I): el fantasma de los viajes imposibles

¿Alguna vez te has preguntado por qué las especies de seres vivos están donde están? ¿Por qué no hay osos polares en la Antártida, si les gusta tanto el hielo? ¿Por qué no hay camellos en el desierto mexicano? ¿Y por qué el canguro sólo vive en Australia pero tiene parientes marsupiales en nuestro país? Y es que al parecer no sólo se distribuyen en el mundo según los climas que les gustan, sino que forman patrones claramente diferenciables, es decir, aparentemente hay una clara relación entre la biota y la gea. De este modo, podemos observar como familias de animales, de plantas y bacterias tienen una forma de distribuirse similar, siendo que son organismos completamente diferentes. Durante siglos y siglos los hombres de ciencia se han dedicado a responder el por qué se dan estos patrones en la distribución actual de los seres vivos, y entre todas las ideas, hay dos que han sido las más influyentes de todas.

¿Por qué los seres vivos se distribuyen como lo hacen? ¿Por qué si hay selvas en casi todos los continentes, no comparten las mismas especies?

La primera es el dispersalismo, la cual aunque actualmente está entrando en desuso, todavía es defendida por algunos ilustres científicos, en sus tiempos fue la idea prevaleciente, y es la teoría en la cual nos centraremos en esta ocasión. La segunda es la teoría de la vicarianza, la cual será nuestro enfoque en la siguiente parte de esta serie.

El dispersalismo se centra en tres bases o principios fundamentales:

° La primera es que la superficie de la Tierra es estática, es decir, que los continentes no se mueven, o en su defecto, que el movimiento de los continentes tiene poca o nula influencia sobre los patrones de distribución de los seres vivos.

° El segundo principio es la vagilidad de las especies, es decir, su capacidad de migración. Entre mayor sea la vagilidad de un determinado organismo, más probable es que colonice otros territorios, por lo que dispersar de un territorio a otro lo conseguirá en unos pocos miles de años. Cuando la vagilidad es baja, es poco probable que colonicen otros lugares, por lo cual requiere de varios miles o millones de años para conseguir pasar de un territorio a otro, pero, según los dispersionistas, eventualmente lo logrará. Así pues, no importa qué tan difícil le sea a una especie de ratones cruzar el océano Pacífico, o qué improbable sea que lo haga, a lo largo de millones de años, eventualmente el cruce se dará.

° El tercer principio es el centro de origen, es decir, un espacio geográfico en el cual surgieron los seres vivos (o por lo menos un grupo de ellos) y a partir del cual dispersaron hacia otras tierras.

Las ideas dispersalistas se remontan a las primeras civilizaciones de la humanidad. San Agustín de Hipona, filósofo de la antigüedad, pensaba que el Edén era el centro de origen, es decir, el lugar donde fueron creados todos los seres vivos, y que fueron los ángeles los que ayudaron a las especies a trasladarse a los lugares que actualmente ocupan, a lo cual se le conoce como angelocoria.

Posteriormente, con los avances en el conocimiento científico, la angelocoria fue descartada, pero la idea de que las especies habían surgido en un sólo lugar y de ahí habían migrado a otros prevaleció durante milenios, con la diferencia de que ya en tiempos modernos explicaban los viajes de las especies con simples migraciones. Este pensamiento era el que manejaba Carl von Linné, quien pensaba que el Edén era una isla en medio del océano y que a partir de ahí las especies habían migrado a los continentes.

Muchas de las figuras más importantes de la biología evolutiva también consideraron la dispersión, con algunas variaciones. Por ejemplo, Charles Darwin, aunque ya había descartado la idea del Edén, consideraba que los centros de origen eran los lugares donde una nueva especie había surgido por evolución, y que de ahí los individuos podían pasar a otros lugares.

El problema del dispersalismo, aparte de no considerar los efectos del movimiento de los continentes (lo cual discutiremos en la siguiente entrada), es que hace suposiciones de dispersión muy poco probables, es decir, viajes imposibles.

Por ejemplo, explicar que una familia de aves tiene presencia en África y en la India porque las poblaciones africanas migraron volando a través del Océano Índico es, por así decirlo, hasta cierto punto creíble. Sin embargo, el dispersalismo no puede explicar que las cobras existan en Egipto y en la India, es decir, ¿a quién podría ocurrírsele que una cobra del Sahara nadara por el océano quién sabe cuántos kilómetros y llegara sana y salva a las costas de la India? ¡Este es un viaje completamente imposible!

Ok, la idea de las aves migrando de un continente a otro no es tan descabellada, pero ¿te imaginas a las cobras cruzando un océano entero?

Y es más, para que una especie colonice un territorio nuevo no sólo basta con que un individuo logre realizar el viaje. Tampoco se requiere que lo hagan dos, no. Se necesita que una población entera inmigre a un nuevo lugar para poder colonizarlo, por lo que volviendo al ejemplo de las cobras, si ya de por si es completamente fabuloso pensar en una cobra nadando por corrientes y tormentas a través del océano, ahora pensar que lo hayan hecho cientos o miles de ellas, por más que hayan pasado millones y millones de años, es sencillamente ilógico.

Así como ésta, hay muchas situaciones las cuales no se pueden explicar por dispersión, por ejemplo, ¿cómo habrían podido los marsupíales cruzar el océano Pacífico para establecer colonias en América y en Oceanía? Y sin embargo, encontramos a los tlacuaches en México y a los walabis y canguros en Australia, todos ellos marsupiales.

Otra inconsistencia de la teoría de la dispersión es que al suponer que los seres vivos pueden migrar hacia cualquier lugar, no explica los patrones de distribución, que en muchas ocasiones son demasiado evidentes como para creer que se formaron por cuestiones de azar.

Sin embargo, y a pesar de que la teoría de la vicarianza ha cobrado mucha fuerza en los últimos cincuenta años, no se puede negar que algunos eventos de distribución específicos sí se dieron por dispersión, sobre todo el poblamiento de las islas de origen volcánico. Es decir, actualmente no se niega la existencia de la dispersión, sino que se niega que ésta sea la causa de los patrones de distribución.

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