Kepler (parte 2)

Empezaré diciendo que todos estamos tristes pues ayer fue el aniversario de la muerte del gran y singular personaje del cual hablé la semana pasada y hablaré hoy, Kepler.  En su epitafio él escribió: “Medí los cielos y ahora mido las sombras. Mi mente tenía por límite los cielos, mi cuerpo descansa encerrado en la Tierra.”

Kepler trató de leer la mente de Dios, y con su libro “Misterium Cosmographicum” creía Kepler que estaba cerca. Muy orgulloso de este libro, decidió enviárselo a muchas personas, como Galileo y Tycho. Aquí hay 2 historias. Cuando Kepler le mandó el libro a Galileo, Galileo no era todavía muy conocido, era un profesor de matemáticas. Galileo le mandó una carta en respuesta al libro de Kepler a Kepler. Esta carta decía que a Galileo le agradaba saber que Kepler era copernicano, que Galileo mismo era copernicano pero le daba miedo defenderlo pues no tenía muchos argumentos. Kepler le respondió con otra carta que decía que le encantaba tener un amigo italiano copernicano como Galileo y básicamente lo invitó a venirse a Alemania para que juntos pudieran tratar de convencer al mundo de la realidad de Copérnico. Galileo no responderá a este comentario (pero sí le enviará otra carta después de 12 años, pero hablemos de eso en otra entrada). La otra historia (que creo que ya se las conté, pero bueno) es de cuando Kepler le mandó su libro a Tycho. Tycho lo leyó y decidió que quería una persona que trabajara para él. Al mismo tiempo, a Kepler le dieron ganas de trabajar con Tycho, pues así podía tener los mejores datos de la época. Entonces Kepler, con eso en mente, partió para ir con Tycho a Praga. Mientras Kepler iba a Praga, Tycho le mandó una carta (que por supuesto Kepler nunca recibió) diciéndole que viniera. Así que Tycho estaba muy sorprendido con la rapidez de la llegada de Kepler.

Ellos eran una pareja sumamente dispareja. Por un lado tenemos al astrónomo preciso, que le hace caso a los datos, algo conservador; y Kepler, un joven listo, con una mente muy imaginativa y copernicano a morir. Se conocieron y no se llevaron muy bien que digamos. Principalmente por la diferencia de que para Tycho, Kepler trabajaba PARA él, y para Kepler, él trabajaba CON Tycho. Se peleaban mucho, incluso Kepler se llegó a escapar una vez y luego le escribió una carta a Tycho pidiéndole perdón. A pesar de sufrir, Kepler estaba aprendiendo a hacer astronomía, a hacerle caso a los datos, a ser un astrónomo de verdad. Un año y cachito después, Tycho muere, y Kepler se queda con sus datos. Aquí cabe aclarar que no es en realidad quedarse con sus datos, sino robarlos, pues no eran para Kepler. Kepler admite habérselos robado, y que no los va a regresar ni publicar sino hasta que acabe con ellos. La familia de Tycho se enoja con Kepler, y hay peleítas, pero al final, Kepler se queda con los datos, les saca todo el jugo posible y luego (mucho, mucho después) publica las tablas de Tycho, llamadas tablas rodolfinas (por Rodolfo II). Además de las tablas, a Rodolfo II le agradó Kepler y lo nombró matemático de la corte de Praga, lo cual lo ponía en el mapa.

Ahora Kepler, ya con una mentalidad un poco más astronómica (no quería decir con una mentalidad cambiada, pues, como se verá después su mentalidad anterior algo esotérica no cambiará), analiza las tablas y escribe un libro llamado “Astronomia Nova”. En este libro se encuentran ocultas sus primeras 2 leyes. Este libro es un análisis de la órbita de Marte, que es algo excéntrica (se parece más a una elipse que la órbita de la Tierra).  Este libro está escrito de una manera muy singular. Kepler nos dice que, como los viajes en barco y las exploraciones a América son narradas, él va a hacer esto más interesante narrando el viaje. Así que uno se encuentra con muchos cálculos y luego Kepler dice “Ah, pero hay un error aquí” o cosas así, te cuenta lo que hizo y pensó. Además, sus leyes no es como si estuvieran muy a la vista, no las llamó leyes. La primera que sale es la segunda ley, que las órbitas barren áreas iguales en tiempos iguales. Kepler para empezar, se dio cuenta de que el Sol andaba un poco corridito, y además, supuso que los planetas giraban pues el Sol de alguna manera los jalaba. Luego trató de ver la distancia entre el Sol y la Tierra a cada momento, pero se dio cuenta de que eso estaba muy difícil y entonces igualó áreas a distancias (es decir, de alguna manera usó algo muy similar al cálculo) y vio que en tiempos iguales había áreas iguales. Luego entonces, decidió que las órbitas no eran circulares, y quería saber qué eran. Él creía que eran como huevo, y pensó mucho en esa idea. Luego sacó una ecuación usando sus datos, y vio que esa ecuación correspondía a la de la elipse sacada por Apolonio. No le encantó la idea de las elipses, pero eso era lo que le decían sus datos, así que lo puso.

Cosa graciosa, a pesar de tener sus elipses, Kepler seguía con la idea de meter sólidos platónicos en las órbitas, y de hecho, vuelve a publicar el Misterium con unas cuantas notas, pero no modificándolo, porque según Kepler no hay nada que modificar, así era perfecto. Es gracioso cómo funciona la mente de Kepler, pues, a pesar de tener las elipses, él seguía con sus armonías y con meter los sólidos en las órbitas de los planetas.

Kepler sigue haciendo cosas fantásticas y maravillosas, pero de eso hablaré la próxima semana.

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6 comentarios el “Kepler (parte 2)

  1. POSSIBLE SPOILER ALERT

    ¿Kepler no era el mono que vendía tablas astrológicas a los aristócratas de su época? ¿Y el mismo se las creía? Creí que no, que sólo lo hacía para ganarse “dinerito extra” X)

    • A la primera pregunta, sí, Kepler le vendía tablas astrológicas, pero él se las creía. Él era fan de la astrología y de hecho en uno de sus últimos libros habla de las armonías en la astrología (y en la música, matemáticas y astronomía).

  2. Tienes que hacer una entrada de Galileo! desde que fui a tu clase de historia me fascinó este personaje: terco, obstinado, irreverente y con un ego tremendo, siempre creyendo (y casi siempre acertando) que tiene la razón. No es que me sienta identificado, para nada, ¿yo? nunca. 🙂

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