¡Virus! (Parte I): Entre la vida y lo inerte.

¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando escuchas la palabra virus? Con toda seguridad pensaste en alguna enfermedad, desde algo sencillo como un resfriado hasta una epidemia como las gripes o el SIDA. Bueno, y realmente con mucha razón, pues los virus son entes microbianas cuya única función es reproducirse, y esto sólo lo logran a expensas de células que casi invariablemente mueren en el proceso, causando así diversas enfermedades. Sin embargo, estoy pequeños seres (¿?) son un caso sumamente complejo para la biología y posiblemente tengan en ellos las respuestas a muchas preguntas respecto al origen de la vida.

 Bueno, para empezar, ¿qué es un virus? En el párrafo anterior los mencioné como “entes microbianas”, pero esta definición es en sí muy etérea y poco convincente. El virólogo francés Andre Lwoff dio la definición más exacta de todas de qué es un virus: Un virus es un virus (figura 1). Así de sencillo. Bueno, parece una tomada de pelo, pero la verdad es que en biología es muy difícil dar en sí definiciones (en una entrada pasada vimos que ni siquiera podemos definir claramente “vida”), así que lo que podemos hacer es dar una descripción de “cómo” es un virus en lugar de quebrarnos la cabeza tratando de decir “qué” es.

Figura 1. Micrografía electrónica de un bacteriófago (para abreviar, fago), un grupo de virus especializados en infectar células bacterianas. Y sí, efectivamente, es un virus.

Los virus consisten en material genético (una molécula de ácido nucleico) rodeado por una cápsula protectora de proteínas y glicoproteínas llamada cápside. Los virus pueden clasificarse de acuerdo al ácido nucleico que contiene su material genético en DNAvirus y RNAvirus, y a su vez pueden ser de cadena doble o cadena sencilla. Esta es una diferencia fundamental respecto a las células vivas, pues estas últimas sólo pueden tener su material genético almacenado en DNA de cadena doble. Las cápsides, por su lado, pueden presentar diversas formas: algunas son poligonales con estructuras geométricas regulares, otras tienen forma de espiral y unas más que son más complejas, teniendo una “cabeza” y una “cola” con fibras que de cierto modo recuerdan a unas patas (figura 2). Las cápsides generalmente están especializadas para la infección.

En muchos casos hay una tercer componente que es una membrana fosfolipídica que le da protección extra y le facilita entrar a las células. A cada partícula o entidad vírica se le conoce como virión. Los virus no tienen metabolismo propio y están completamente inertes fuera de las células, como si fueran cualquier partícula; no tienen maquinaria de reproducción ni de obtención de energía, por lo que se considera que no son seres vivos. Sin embargo, cuando entran en contacto con una célula a la que pueden infectar, retoman la actividad.

Son parásitos intracelulares obligados, es decir, que necesitan introducirse a una célula para poder reproducirse. Todos, y cuando digo todos son TODOS los grupos de seres vivos existentes son susceptibles a ser infectados por los virus. Para concretar la infección, en aquellos virus con membrana, ésta se fusiona con la membrana celular para introducir la cápside dentro de las células, que posteriormente liberan el material genético. En los virus sin membrana, la cápside no entra a la célula, pero contiene proteínas especializadas en introducir el material genético dentro de ellas. Una vez que las moléculas de DNA o RNA están en el citosol de las células hospederas, se apropian de su maquinaria metabólica para producir réplicas de si mismas y espresar los genes que llevan en ellas, que codifican para las proteínas de la cápside vírica. Hablaremos a mayor profundidad de los mecanismos de infección en la próxima entrada.

El origen de los virus no está claro, pero existen dos teorías contendientes que pretenden dar una explicación. La primera postula que los virus fueron originados a partir de las células vivas que actualmente infectan, es decir, que alguna vez fueron células que se degeneraron y se simplificaron a las estructuras que ahora son. La otra establece que emergieron independientemente y a la par de las células, volviéndose sus parásitos desde los orígenes de la vida. Existe incluso la posibilidad de que ambas teorías sean correctas, sin embargo, la evolución convergente es poco probable.

Otro aspecto interesante de los virus es que, analizando el genoma de los seres vivos actuales, podemos observar que han tomado un papel importante en la evolución de nosotros los organismos celulares, introduciando sus genes a nuestros cromosomas; y del mismo modo, los organismos hospederos hemos contribuido con genes nuevos a la evolución de los virus. Para conocer los detalles de estos curiosos hechos, te invito a que leas la siguiente entrada acerca de los virus y sus mecanismos de infección.

Diferentes tipos de cápsides víricas: a) cápside del bacteriófago T-even virus (Myoviridae), consistente en una cabeza poligonal, una cola contráctil en forma espiral, una placa basal y seis fibras de la cola. b) Herpes simplex virus (Herpesviridae), con una cápside poligonal y una membrana externa. c) Human adenovirus 2 (Adenoviridae) con cápside poligonal sin mebrana. d) Virus de inmunodeficiencia humana (Retroviridae). e) Virus mosaico del tabaco (Tobamovirus) con cápside en espiral. (McKenna 2001).

Minor, Philip D (2007). Viruses. In Encyclopedia of Life Sciences. John Wiley & Sons.

McKenna and Faulkner (2001). Virus structure. In Encyclopedia of Life Sciences. John Wiley & Sons.

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