Ciencia Olímpica: El agarrotamiento en el deporte y la leche agria.

Todos lo hemos sufrido alguna vez. Tu primer día en el gimnasio después de un par de semanas de vacaciones, corriste demasiado para alcanzar el camión que ya se iba, o quizá hoy es tu día para alzarte con la gloria en las olimpiadas. No importa cómo haya sucedido, pero al día siguiente… ¡Auch! Sentimos esos dolores musculares y calambres, además andamos con los brazos o las piernas todos tiesos y duros: a eso le llamamos agarrotamiento; no es insufrible, pero es bastante molesto. Sin embargo, un par de días después, ya sea que continuemos con el ejercicio o no, el dolor desaparece y seguimos como si nada hubiera pasado. ¿De dónde viene el agarrotamiento? ¿Por qué en casi todos los casos sólo nos pasa cuando llevamos un buen rato sin hacer ejercicio o le metemos más discos a las pesas? ¿Por qué en el título mencioné a la leche agria? La ciencia puede darnos una respuesta.

El estadounidense Michael Phelps es sin duda el mejor nadador de la historia. Aunque nunca lo dijo, seguramente después de sus arduos entrenamientos o de una competencia muy ruda en más de un día llegó a sentir agarrotamiento muscular. El chiste es nunca rendirse, pues no cualquiera se lleva 14 medallas de oro olímpicas como él.

 Como en alguna ocasión habremos mencionado, el metabolismo es el conjunto de actividades químicas controladas y reguladas por enzimas que se llevan a cabo dentro de un ser vivo, manteniéndolo con vida. Algunos teóricos del origen de la vida afirman que ésta se originó en el momento en que surgió el metabolismo, pues se puede considerar que éste es un indicador de qué está vivo, y cualquier cosa que carezca de metabolismo es inerte. Un tipo especial de metabolismo es el catabolismo, en el cual se degradan sustancias complejas para obtener sustancias más simples y energía.

 Cuando practicamos un deporte nuestro catabolismo aumenta, pues necesitamos muchísima energía para correr más rápido, soportar más peso o darle una buena paliza en las artes marciales a nuestro rival. Como somos heterótrofos y no podemos fotosintetizar, para poder dar nuestro máximo es necesario tener una buena alimentación que nos proporcione las biomoléculas adecuadas para catabolizarlas y obtener dicha energía. En nuestro tipo peculiar de catabolismo, nuestra principal fuente de energía son los carbohidratos, coloquialmente llamados azúcares, particularmente la glucosa, la cual es degradada hasta dióxido de carbono (CO2) con ayuda del oxígeno en una fórmula que, simplificada, va así:

Glucosa + 6 O2 –> 6 CO2 + 6 H2O + Energía

Los lípidos o grasas también son fuente de energía, pero sirven más como reserva que como fuente primaria (por eso si tienes unos kilitos de más quiere decir que en tu alimentación adquieres más energía de la que gastas en el ejercicio).

Los logros de Soraya Jiménez, competidora mexicana de halterofilia en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, son increíbles, pero no imposibles. Gracias a la energía que sus músculos obtuvieron de la glucosa pudo alzarse como campeona olímpica.

Otra cosa que habrán notado es que cuando hacemos ejercicio respiramos más hondo y rápido, pero aún así, después de una larga carrera terminamos jadeando, respirando con agitación y luchando por agarrar más aire del que nuestros pulmones pueden obtener. Como podemos deducir de la fórmula que mostramos anteriormente, si requerimos más energía que de costumbre, necesitamos más oxígeno, el cual obtenemos con una respiración más fuerte. Para esto, cabe señalar que un factor importante en cuánto podemos aguantar haciendo un gran esfuerzo es la cantidad de glóbulos rojos en nuestra sangre, pues transportan el oxígeno a los músculos, y de mitocondrias en nuestras células, pues en ellas se lleva a cabo el metabolismo aerobio (que requiere oxígeno) de los carbohidratos.

 ¿Pero qué pasa si hacemos un esfuerzo más grande del que nuestro cuerpo está acostumbrado? ¿Qué sucedería si nos esforzamos más allá de nuestra capacidad de obtener oxígeno en el músculo? Lo lógico sería pensar que simplemente no podríamos lograrlo y ya, pero nuestro cuerpo tiene un as bajo la manga que nos permite lograr cosas más allá de nuestros límites: la fermentación láctica.

 El intrincado camino del catabolismo de la glucosa hasta el dióxido de carbono y la obtención de energía está compuesto de diferentes etapas, la primera de ellas, que no necesita oxígeno, se llama glucólisis, en la cual la glucosa es transformada en una sustancia llamada piruvato, pero se obtiene muy poca energía. La siguiente etapa sí necesita oxígeno y de ella se obtiene mucha energía, es llamada respiración celular e involucra dos partes más: el ciclo de Krebs y el transporte de electrones; en estos pasos el piruvato obtenido por glucólisis es degradado en CO2. En todos los seres vivos del planeta existe la glucólisis, pero no todos pueden llevar a cabo la respiración celular (por eso hay bacterias que no necesitan oxígeno para vivir). Los seres vivos que no necesitan oxígeno tienen otras rutas para procurar obtener energía de la glucosa, las cuales son conocidas como fermentación.

Ese último esfuerzo para vencer al rival… El japonés Toshihiko Koga, uno de los mejores judokas de la historia y campeón olímpico en los juegos de Barcelona 1992 debe apreciar muy bien ese plus energético que nos proporciona la fermentación láctica.

 Lo que hace la fermentación es proporcionar las coenzimas necesarias para la glucólisis, haciendo que esta sea mucho mayor, y así, se puede sacar más provecho de la poca energía que proporciona la glucolisis, sin embargo es mucho menos eficiente que la respiración celular. Un tipo especial de fermentación es la láctica, en ella la obtención de las coenzimas de la glucólisis se acopla a la transformación del piruvato a una sustancia llamada lactato o ácido láctico. El nombre de ácido láctico viene de la leche, pero no quiere decir que sólo esté presente en esta, sino que en ella se descubrió primero. Así es, cuando la leche se pone agria y decimos que está “echada a perder” es porque unas bacterias cuyo metabolismo involucra la fermentación láctica han degradado los azúcares de la leche. No te preocupes, las bacterias siempre están ahí, incluso cuando la leche está fresca y deliciosa, y no hacen daño, el problema es que cuando se deja mucho tiempo sin consumir la leche, el lactato que producen las bacterias se acumula y le da un sabor agrio y desagradable a la leche, pero aunque sabe mal, no es nociva. Sin embargo, no es necesario ser un organismo anaerobio para poder realizar la fermentación láctica.

 Esa es el arma secreta de nuestros músculos: cuando el oxígeno se le acaba a las células musculares recurren a la fermentación láctica, dando un pequeño pero importante aporte final de energía. Gracias a la fermentación láctica podemos hacer ese último esfuerzo para ganarle por una nariz a nuestro rival aunque nos falte el aliento.

Una vez que ganamos la competencia recibimos nuestra bien merecida medalla olímpica y podemos retirarnos a descansar, pero nuestro cuerpo aún tiene trabajo que hacer, en especial el hígado. Ese plus al final de la carrera tiene su precio. Como tuvimos que recurrir a la fermentación láctica, al igual que en la leche agria el ácido láctico se acumuló en nuestros músculos, y ese es el origen del molesto agarrotamiento. Pero no te preocupes, el lactato poco a poco pasa del músculo al hígado a través de la sangre, y una vez ahí comienza el proceso de recuperar la glucosa a partir del lactato para poder utilizarla de nuevo. Este ciclo de pasar de glucosa a lactato en el músculo y de lactato a glucosa en el hígado es conocido como ciclo de Cori.

De glucosa a lactato en el músculo y de lactato a glucosa en el hígado. Este es el ciclo de Cori.

¿Qué hacer para evitar el agarrotamiento muscular? ¡No! ¡No seas flojo! ¿Cómo que no hacer deporte? Para evitar el agarrotamiento es necesario acostumbrar a nuestro cuerpo al ejercicio, de esa forma estimulamos una mayor producción de: glóbulos rojos para que lleven el oxígeno a los músculos, mitocondrias para que realicen más respiración celular, masa muscular para que con mayor musculatura de distribuya mejor el trabajo en las células y, sobre todo, carácter para echarle más ganas. Por supuesto, aunque estemos acostumbrados al ejercicio siempre que hagamos algo más allá de lo cotidiano nos vendrá el agarrotamiento, pero vamos, en lo personal creo que es un precio justo a cambio no de la gloria deportiva, sino de una vida más saludable.

¡Disfruta de los Juegos Olímpicos de Londres 2012!

No todos los atletas son humanos. Este chita también se esfuerza al máximo día a día para atrapar a sus presas. Aunque veloz, como alcanza muy altas velocidades sólo puede mantener la carrera unos cuantos segundos. Un último aporte de energía en el último momento pueden significar la diferencia entre cenar y no cenar hoy.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s