De Bosques y Guerras Mundiales.

En el otoño de 1941, al comienzo de la Gran Guerra Patria que sostuvo el pueblo soviético contra los nazis alemanes, éstos emprendieron la ofensiva contra Moscú, capital de la Unión Soviética. Los habitantes y el ejército de este pais dedicaron todos sus esfuerzos para frenarles el avance: cavaban fosas, hacían volar puentes. Y en lugar del camino que atravesaba el bosque, los soldados, ayudados por los lugareños, derribaban muchos árboles. Con un sordo gemido, enormes abetos caían uno tras otro sobre el camino, haciéndolo intransitable. Los tanques no lograron salvar el obstáculo.

Ya rechazado el enemigo, el resto de ese bosque fue talado para construir viviendas en las aldeas cercanas que quedaron reducidas a cenizas. Así, ese viejo bosque de abetos, donde antes de la guerra la gente recogía setas, dejó de existir.

Sin embargo, transcurridos algunos años, en aquel mismo lugar, empezó a nacer otro bosque. Pero ¿por qué crecían ahora abedules y no abetos? Nadie los había sembrado.

La cosa se explicó de modo muy sencillo: los abedules de un bosque cercano “enviaron” sus semillas a aquel lugar desolado.

Abeto

Los abetos son parte de la familia de las pináceas, son los clásicos “árboles de navidad”. Su altura varía de 10 a 80 m. y tiene hojas en forma de aguja.

¿cómo lograron hacerlo? ¿quién les ayudó?

Les ayudó el viento. Y fue posible gracias a que el fruto del abedul tiene dos diminutas alas, como una pequeña mariposa.

Los abedules son árboles caducifóleos que miden entre 10 y 30 metros. Señalado con el número 7 se observa el fruto “alado” del abedul, las alas son más anchas que la nuez, lo que facilita su transporte por distancias largas.

Los frutos “alados” del abedul realizan vuelos magníficos. El viento los arranca de su planta madre y los lleva muy lejos, a veces, a la distancia de un kilómetro. Allí caen, germinan y se convierten en su debido tiempo en pequeños abedules.

Los frutos del abedul efectúan semejantes vuelos cada primavera. Antes de la guerra, también volaban por millares hacia aquel bosque de abetos. Pero no tenían suerte. Apenas brotaban, perecían a causa de la densa sombra. A los abedules les gusta mucho el sol, la abundante luz, pero en el bosque de abetos siempre reinaba la penumbra. Por eso, todos los brotes de abedul perecían. En cambio al ser talados los abetos, apareció muy pronto el esplendor de los abedules.

OSIPOV, NIKOLAI. Viajes sin pasaje. Moscú; Editorial Raduga. 1985,

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3 comentarios el “De Bosques y Guerras Mundiales.

  1. Increible lo que la naturaleza puede hacer aun sobre el intento del hombre para imponer su mando en algo tan simple como un bosque, un ejemplo mas para tenerlo bien presente.

    muy buena publicacion :D

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